Jeanne nació en La Comell, Francia en 1740 y con 26 años formó parte de la expedición del conde Louis Antoine de Bougainville (1729-1811). Porsupuesto, para subir al barco tuvo que disfrazarse de hombre y utilizó el seudónimo “Jean Baré”. Se alistó como asistente del naturalista de la expedición, Philibert Commerson, poco antes de que los barcos de Bougainville zarparan de Francia. Según el relato de Bougainville, Baret era una experta en botánica.
Antes del viaje, Jeanne era “ama de llaves” de Commerson y según algunas historias, su amante. Junto a las labores de la casa, ella se ocupaba de los herbarios y otras tareas científicas. Durante la expedición de Bougainville, la pareja se dedicó a relevar e identificar numerosas especies botánicas. En el viaje Commerson fallece y Jeanne es “descubierta” como mujer. Para poder regresar a Francia, se casa con un militar del barco.
En 1776 vuelve a su hogar con 30 cajas selladas conteniendo 5.000 especies de plantas recolectadas durante su viaje alrededor del mundo: 3.000 de ellas son nuevas. Estas colecciones se unieron a las del Muséum d’Histoire Naturelle, donde actualmente se pueden consultar los manuscritos de Commerson.
Su trabajo con Commerson fue reconocido oficialmente por el Rey quien le concedió una pensión de 200 libras.
Una de las «nuevas» especies más conocidas es la “Bouganvilia” también llamada Santa Rita. Las especies identificadas por esta pareja solo reconocían a Commerson como su descubridor.
Jeanne Baret falleció el 5 de agosto de 1807, a la edad de sesenta y siete años. El reconocimiento a Baret llegó 250 años después, cuando Eric Tepe nombró una nueva especie botánica en su honor: la Solanum baretiae.

La historia de Jeanne (o Juana, en nuestro idioma) no es una historia aislada: muchas mujeres en la historia tuvieron que “esconderse” detrás de una apariencia o nombre masculino para poder avanzar hacia sus sueños. Muchas mujeres también estuvieron impedidas de lograrlos solamente por haber nacido mujeres, en sociedades donde la diferencia de género ha sido limitante para estudiar, trabajar o incluso viajar.
Hoy en día, las mujeres conquistamos muchos derechos, pero seguimos siendo violentadas de muchas maneras solamente por el hecho de ser mujeres.
Creo que las historias como las de Jeanne nos muestran que los límites siempre son porosos y quebrantables. ¡Así que llenemos de Juanas la historia!
