La Sociedad Argentina de Antropología se fundó en 1936, siendo la primera corporación de antropólogos/as del país, conformada por “especialistas” en el tema. Esta sociedad definía como “especialistas” a aquellas personas “que se dedican a la investigación en alguna de las ramas de la Antropología, como objeto principal de su actividad, y que además de haber producido obras meritorias, han seguido estas actividades con carácter profesional”.
La conformación del primer Consejo Directivo fue completamente masculina: como primer presidente fue elegido Félix Outes, quien dirigía en ese momento el Museo Etnográfico de Buenos Aires. Como secretario Eduardo Casanova, Jefe de la Sección de Arqueología del Museo Nacional de Historia Natural. La tesorería fue cubierta por Milcíades A. Vignati, Jefe del Departamento de Antropología y profesor de la materia homónima del Instituto del Museo en La Plata. Como director de publicaciones se nombró a José Imbelloni, profesor titular de Antropología y Etnografía de la UBA. Un año después se incorporaron al órgano directivo un vicepresidente y cinco vocales y se estableció una comisión a cargo de la dirección científica de todas las actividades de la Sociedad: comunicaciones, conferencias, excursiones y publicaciones. En este primer año sólo se registran diez socios activos, todos hombres, y veintiún socios adherentes, de los cuales siete son mujeres: María de las Mercedes Constanzó, Elina Gonzáles Acha de Correa Morales, Eva Iribarne, Elena S. de Kliman, Ada I. Pastore, Ana Biró de Stern y María Elena Villagra Cobanera.

En el primer año de la asociación, la categoría de “socio activo” se reservaba a los llamados “especialistas”, los “interesados” podían asociarse como “adherentes”. En mayo de 1937, en su primer balance anual, el consejo directivo propone un nuevo estatuto, con nuevas categorías de socios: honorarios, correspondientes, protectores, activos y estudiantes. A partir del mismo, podrá ser “socio activo” cualquier persona que se interese por las actividades de la Sociedad. A los pocos “especialistas”, se suman así los “interesados” en estas disciplinas, incluidas varias mujeres que participan activamente de la vida societaria.
La proporción de mujeres que se incorporan a esta asociación aumenta con el paso de los años, llegando a ser mayoría de socias estudiantes a partir del período 1938-39. De acuerdo al estatuto, podrían ser socios estudiantes los alumnos de los institutos superiores en los que se imparta enseñanza relacionada con la Antropología. Los mismos no pagaban cuota, recibían el Boletín de la Sociedad y podían asistir a los actos organizados por la asociación. Cabe recordar que en las primeras décadas del siglo XX, la mayoría de los alumnos de los cursos de antropología y arqueología, tanto en la Universidad de Buenos Aires como en La Plata (a partir de 1920) pertenecían a las carreras de profesorado, con un alto porcentaje de mujeres (Al respecto, ver: Buchbinder, 1997; García, 2010).
Las primeras socias, tanto activas como estudiantes, participaron ampliamente en los primeros años de la asociación: se involucraron en el órgano directivo, publicaron artículos, expusieron sus trabajos en distintos eventos y formaron parte del público de las jornadas regulares de la sociedad, entre otras actividades. Sin embargo, no siempre contaron con la misma representación que los hombres en todos los ámbitos. Para la década de 1930 las mujeres habían ingresado a todas las carreras universitarias, siendo mayoría incluso en algunas de ellas. Sin embargo, el acceso a cargos como profesoras universitarias se irá dando paulatinamente.
En la publicación oficial de la Sociedad, la Revista Relaciones, las mujeres que publican son pocas: en el primer tomo de la revista, publicado en 1937, de un total de diecisiete artículos sólo uno corresponde a una mujer (Eva Iribarne). El segundo tomo de la revista (1940) estuvo dedicado a la discusión sobre los hallazgos arqueológicos de los hermanos Wagner en Santiago del Estero, donde un conjunto de “especialistas” dan a conocer su opinión sobre el tema, ninguna mujer forma parte de dicho grupo. En el tercer tomo, publicado en 1942, de dieciséis trabajos publicados, dos pertenecen a mujeres: Berta Elena Vidal de Battini y María de las Mercedes Constanzó.
Si bien las historias de la antropología argentina han crecido y se han diversificado en los últimos treinta años, las figuras que suelen ser trabajadas (tanto en relación con sus aportes teóricos y metodológicos como en sus posiciones institucionales) son en general masculinas. Las mujeres son mencionadas solo ocasionalmente, aunque algunas investigaciones en los últimos años comienzan a revertir esta situación.
Las primeras socias de la Sociedad Argentina de Antropología están dentro de esa gran lista de mujeres poco reconocidas y que merecen ser estudiadas. El conocimiento de sus historias permitirá comprender las articulaciones entre las condiciones de género y las prácticas científicas de esa época; pero también permitirá desandar los relatos más «tradicionales» de la antropología argentina y repensarlos desde una perspectiva de género.
Se puede leer el trabajo completo acá.
Lecturas ampliatorias:
García, Susana V. 2010. Enseñanza científica y cultura académica. La universidad de La Plata y las Ciencias Naturales (1900-1930). Rosario: Prohistoria Ediciones.
