Mujeres universitarias en la Argentina. Algunas cuestiones acerca de la Universidad Nacional de La Plata en las primeras décadas de siglo XX

Lo que sigue es un fragmento del TFI realizado para la Especialización en Educación en Géneros y Sexualidades de la FaHCE (UNLP). Podés descargarlo completo acá.

María Angélica Barreda (1882-1963). Primera abogada argentina, egresada de la Universidad Nacional de La Plata en 1910.

Entre fines de siglo XIX y mediados de siglo XX, se da un proceso lento y variable según disciplinas de incorporación de las mujeres a la educación superior. A diferencia de otros países en donde se crearon instituciones de enseñanza especiales para mujeres, en las universidades argentinas se dieron procesos de coeducación. Las profesiones en las que se registra mayor presencia femenina han sido consideradas por algunos autores como carreras “típicamente femeninas” o “feminizadas”, y se refieren a aquellas vinculadas a las ciencias de la salud, como medicina, farmacia y odontología; aunque también se registran mujeres en otras carreras y facultades, especialmente en el área de las humanidades y las ciencias de la educación (Kohn Loncarica y Sánchez, 1996, 2000; Palermo, 1998). Al respecto, se ha señalado en los últimos años la importancia de entender a las instituciones como espacios donde se consagran, reproducen y/o transforman las relaciones de género; participando también en la construcción de símbolos e imaginarios sobre lo que se considera “masculino” y “femenino y por lo tanto, sobre los papeles, tareas y cualidades que se espera de hombres y mujeres: “estas representaciones son interpretadas y resignificadas por los sujetos en la elección de sus profesiones; y los modos en que estas profesiones y los diversos ámbitos de ejercicio son considerados socialmente como ´masculinos´ o ´femeninos´” (Pozzio, 2012: 113).

El aumento de las mujeres en las universidades no fue lineal, pero hay un acuerdo acerca de que hacia la década de 1960 las matrículas de muchas carreras se encuentran casi igualadas en términos femenino/masculino (Lorenzo, 2016). Sin embargo, estos aspectos requieren de estudios en detalle, segregados por universidades, facultades y carreras; puesto que los datos pueden variar considerablemente. Como se señala más adelante, los datos que proveen información sobre la presencia y participación femenina varían en relación a los ingresos/egresos, al ejercicio de la docencia universitaria o acceso al mercado de trabajo o la presencia en cargos jerárquicos, entre otros. Hacia fines del siglo XX, el acceso femenino a la universidad es considerado “masivo” en muchas de las carreras, quedando aún espacios considerados como “no tradicionales” para el desempeño femenino. Cabe señalar que se observan hasta el presente desigualdades jerárquicas y territoriales en términos de género.

Si bien algunos trabajos han realizado aportes fundamentales para el conocimiento de la situación femenina en la historia de las universidades de la Argentina, las intersecciones entre los estudios históricos de la educación superior y los estudios de género no son abundantes en nuestro país. El estudio de estos antecedentes será desarrollado en los apartados siguientes. Cabe destacar, sin embargo, el aporte de las investigaciones sobre el acceso femenino a la universidad de Alicia Itatí Palermo y María Fernanda Lorenzo y los estudios sobre las primeras generaciones de mujeres médicas de Norma Isabel Sánchez y KohnLoncarica. En particular, el surgimiento y diferentes aspectos de la Universidad Nacional de La Plata han sido analizados por diferentes autores/as (Graciano, 1998; Marano, 2003; Buchbinder, 2005; García, 2010; entre otros), pero su historia ha sido poco estudiada en términos de género.

Este trabajo tiene como objetivo general relevar, sistematizar y analizar de forma crítica la bibliografía dedicada a los estudios de mujeres y universidad en la primera mitad de siglo XX en la Argentina. Para ello, se comparan diferentes trabajos considerando la diversidad de enfoques teórico-metodológicos, así como la utilización de fuentes documentales, los objetivos propuestos en cada investigación y el recorte temporal; entre otros aspectos. En relación a esta propuesta, los objetivos específicos de este trabajo se enfocan en la Universidad Nacional de La Plata como caso de estudio. Así, se analiza el acceso y la participación de las mujeres en la educación universitaria en esta casa de estudios, reconstruyendo -en la medida de lo posible- las proporciones femeninas/masculinas de matriculación y/o egreso por facultad y carrera, la participación femenina en diferentes ámbitos de formación y de producción de conocimientos y algunas trayectorias individuales que permiten comprender ciertos aspectos sociales y culturales de la experiencia de las mujeres en los estudios superiores.
Las hipótesis que sustentan este trabajo se organizan en dos discusiones generales. Primero, se intenta demostrar la dificultad de pensar en ciertos momentos históricos en términos de procesos homogéneos. Palermo (1998) define al período que abarca los comienzos de siglo XX hasta la primer mitad de 1960 como un proceso de incremento “paulatino pero constante” de la participación femenina en los estudios universitarios, en el cual además se concentran las mujeres en carreras consideradas “típicamente femeninas”, como aquellas vinculadas a la educación, las letras, las ramas “menores” de la medicina, etc. Esto se vincula al segundo punto de discusión, en el cual se discuten las diferentes posibilidades y dificultades en el análisis de las trayectorias femeninas; según correspondan a distintas facultades, carreras, áreas temáticas, saberes y prácticas académicas y científicas. Si bien hay ideas socialmente aceptadas sobre el papel de las mujeres en la sociedad, un examen detallado permite comprender los alcances y las resistencias de estas ideas.

Por último, al enfocar en el tema de género y universidad en el caso particular de la Universidad Nacional de La Plata, se busca identificar las diferencias con otras universidades, especialmente con la de Buenos Aires que ha sido objeto de un amplio conjunto de investigaciones. Este caso permitirá mostrar la necesidad de ampliar los estudios sobre distintas universidades y de realizar análisis comparativos sobre los desarrollos particulares de las mismas.

La utilidad de la categoría género

Para la elaboración de este trabajo se toma como referencia el concepto de género propuesto por la historiadora Joan Scott (1996, 2011), el cual articula dos proposiciones: “el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y el género es una forma primaria de relaciones significativas de poder” (Scott, 1996). Esta concepción rompe con la división binaria masculino/femenino al hablar de “los sexos” y no especificarlos. Asimismo, incorpora la dimensión del poder como forma primaria de relación, dejando de lado la exclusividad de la causalidad económica que critica al feminismo marxista.
Esta definición, que se enmarca en un contexto de renovación de los estudios feministas y de género en la década de 19806, permitió combatir el “determinismo biológico” de lo femenino/masculino y colocar la balanza a favor de un “construccionismo social”. Haraway (2005) señala que en este camino se puso menos énfasis en la deconstrucción de cómo los cuerpos, incluidos los sexualizados y racializados, aparecen como objetos del conocimiento y sitios de intervención en la “biología”. En esta línea, en 1989 Judith Butler señala cómo el discurso sobre la identidad del género es intrínseco a las ficciones de coherencia heterosexual. Para esta autora, la tarea del análisis feminista consiste en “descalificar” las categorías analíticas como sexo y naturaleza, que conducen a la univocidad y señala que la acción es una práctica instituida en un terreno de dificultades permitidas. Un concepto de un yo interior coherente, logrado (cultural) o innato (biológico), es una ficción reguladora innecesaria -más aún, inhibitoria- para los proyectos feministas que producen y afirman el funcionamiento complejo y la responsabilidad (Haraway, 2005). Por otra parte, Lamas (2007) señala que el trabajo de desarticular las nociones de sexo y género dejó de lado algo fundamental: la formulación de nuevas preguntas. Según esta autora, hacia 1990 se produce un “borramiento de lo natural”, un olvido de la materialidad de los cuerpos.

El concepto de Scott, sin embargo, sigue resultando “útil”, al señalar que el género puede siempre referirse a las formas en las cuales se conciben en distintos momentos históricos las relaciones entre hombre y mujeres; sin tomarse ni las relaciones, ni los hombres, ni las mujeres como iguales en todos los casos. Lo importante es, entonces, cuestionar estos términos y así entenderlos desde momentos históricos específicos (Scott, 2011: 97). El género es considerado como la difícil relación entre lo normativo y lo psíquico, como aquello que produce significados para el sexo y la diferencia sexual: “el género es una categoría útil para el análisis porque nos obliga a historizar las formas en las cuales el sexo y la diferencia sexual han sido concebidos.” (Scott, 2011: 100).

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